Tu web es demasiado bonita para lo poco que dice (y hace).
Tienes una web cuidada y un WhatsApp que revisas varias veces al día. Lo que no tienes es forma de saber quién sigue esperando respuesta, qué se te quedó sin contestar entre tantas conversaciones, ni cuánto de tu día se va en escribir lo mismo una y otra vez.
Nadie decide perder una solicitud. Simplemente se queda entre otras diez. No es pereza, es volumen. Un día normal trae preguntas por varios sitios a la vez, y contestarlas todas a tiempo —sin repetirte, sin olvidar a nadie— acaba siendo casi un trabajo aparte del trabajo.
Contestas cuando puedes, no cuando hace falta. El mensaje llega con las manos ocupadas, subido a algo, o a mitad de otra conversación. Para cuando puedes mirar el teléfono, esa persona ya lleva un rato esperando — y a veces ya ha preguntado en otro sitio.
Cada conversación vuelve a empezar de cero si no te acuerdas de dónde la dejaste. Esa persona a la que le diste precio hace cuatro días — ¿volvió a escribir? ¿le hiciste seguimiento? Sin nada que te lo recuerde, la respuesta depende de que tú te acuerdes, y con cien cosas más en la cabeza, el seguimiento siempre pierde.
Llevas la cuenta en la cabeza. Y la cabeza tiene otras cosas que hacer. Vuelves atrás en la conversación para recordar si ya diste el precio, si quedó pendiente una medida, si esa persona era la del presupuesto de ayer o la de hoy. Ese rato no aparece en ningún sitio, pero se nota al final del día.
Puede que ya hayas probado algo que prometía ordenarlo todo, y a los pocos meses era una pantalla más que mirar, no menos trabajo. Esto no parte de ahí.
Lo que cambia no es la web. Es lo que pasa detrás de ella. Un sistema que lee cada solicitud en cuanto llega, la ordena, y avisa a quién tiene que saberlo. Sin pantalla nueva que aprender, sin cambiar cómo ya trabajáis.
Y sigue ahí aunque hoy no lo estés mirando — lo que ayer se hubiera quedado sin respuesta, hoy sigue su curso solo.
Cuéntame cómo entran hoy vuestras solicitudes. Te digo, sin compromiso, qué parte de eso se puede quitar de en medio. Escríbeme →